El errático camino del rectorado

Por Rafael Rey Rey
Ex Ministro de Defensa del Perú 

El rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) ha declarado hace pocos días que si Keiko Fujimori hubiera ganado las elecciones del 2011 y yo hubiera sido presidente del Consejo de Ministros, el destino de la PUCP habría sido otro. Desconozco sus palabras textuales.

Desde hace más de 20 años la Iglesia viene pidiendo a la PUCP que adecúe sus estatutos a la “Ex Corde Ecclesiae” (norma universitaria para las universidades católicas). La universidad se ha venido negando sistemáticamente.

Recientemente y después de agotar todas las gestiones, la Santa Sede dio plazo hasta el 8 de abril para que la universidad cumpliera con su deber como Pontificia y Católica.

Hace poco el rector Marcial Rubio informó públicamente el contenido del acuerdo al que habían llegado con la Iglesia. Y convocó a la asamblea para su aprobación. Para ese fin, Pidió a Roma una ampliación del plazo por unos días. La Iglesia se lo concedió hasta el 18 de abril.

Unos días después el rector Rubio envió una carta al Nuncio, que además hizo pública, en la que afirma cosas que no se ajustan a la verdad. Dice que no hay “acuerdo” en la administración de los bienes. El testamento de Riva Agüero manda taxativamente que sus bienes pasarían a ser propiedad de la universidad (20 años después de su muerte) pero que la administración de los mismos estarían a cargo de una junta administradora insustituible y de carácter perpetuo, compuesta por el rector y un representante del Arzobispado de Lima, fuera quien fuere.

El carácter mandatorio del testador es inmodificable. Como si no bastara la opinión de todos los juristas estudiosos y autoridades en Derecho Sucesorio o Testamentario que han sido consultados, así lo han sentenciado el Tribunal Constitucional, al resolver a favor del arzobispado la demanda que le presentó, no el arzobispado, sino la propia universidad.

La universidad y sus directivos actuales no quieren dejar de ser lo que son (con excepción de alguna facultad y otros valiosos profesores y estudiantes): una casa de formación ideológica anticristiana y anticatólica y centro de capacitación de la ideología marxista y de la “políticamente correcta”.

Y tampoco quieren cumplir con el inmodificable y expreso deseo de su principal benefactor: que el Arzobispado de Lima vigile el recto y honesto uso de los multimillonarios bienes que les donó. Una rebeldía ideológica y crematística. No se puede actuar así.

Quizá sin querer el rector Rubio atribuya a otros maneras de actuar que le son propias. No lo sé. En cualquier caso, puedo asegurar que si el suscrito hubiera estado en el Gobierno, no habría hecho nada en contra de la PUCP, su casa de estudios. Me habría limitado, como cualquier peruano de buena voluntad, a solicitar, como hago ahora desde el llano, que se respete la ley peruana y la canónica.

Publicado en el diario El Comercio p. A26
Lunes, 7 de mayo del 2012 

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