Prepotencia y bajeza

Por Luis García Miró Elguera
Director del diario Expreso

La ex Universidad Católica se ha declarado en rebeldía contra el Papa y ha iniciado una guerra de guerrillas –terrorismo político– contra El Vaticano. En actitud verdaderamente deplorable, el rector, Marcial Rubio Correa, y un grupo de profesores han desacatado la orden de la Santa Sede que deja sin efecto el uso de las denominaciones “Pontificia” y “Católica” por ese centro de estudios.

En rigor, por voluntad propia la ex Universidad Pontifica Universidad Católica del Perú ya había dejado de ser “Pontificia” y “Católica” muchas décadas atrás. Su obvia proximidad al ateísmo y su marcada cercanía ideológica al marxismo la había separado por completo de aquellas normas eclesiásticas por las que El Vaticano reconoce el derecho al uso de las denominaciones “Católica” y “Pontificia”. ¿O acaso la elite anti Católica y anti Pontificia que hace décadas se hizo del control pedagógico y financiero de aquel centro de estudios –fundado por el sacerdote católico Jorge Dintillac– se cree con suficiente autoridad como para usar, a su libre albedrío, ambos vocablos, patrimonio milenario y exclusivo de la Iglesia Católica? Es más, sucesivas administraciones de la ex Universidad Católica han venido ahondando aquellas diferencias, retando la paciencia de la Santa Sede hasta extremos de paranoia. Y ejecutaron su  desafío con ademanes que lindan en la soberbia y la prepotencia. Pero, sobre todo, en la perfidia de quien se sabe poderoso en cuanto al manejo de la cosa política y mediática local; y, fundamentalmente, consciente de que sus tentáculos en el poder Judicial peruano son lo suficientemente sólidos e influyentes como para garantizarles el triunfo ante cualquier batalla legal contra la Iglesia Católica

Marcial Rubio, rector de la ex universidad Católica, ha tenido la insolencia de llamar “terrorista” al juez canónico de la Iglesia, padre Luis Gaspar, y lanzar el infundio que los  cardenales Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de El Vaticano, “no quieren la paz”, lo que en buen romance significa “quieren guerra”. Con la seguridad de quien tiene la razón, el padre Gaspar respondió así al procaz Rubio: “Argumentos con argumentos se responden, y cuando no hay argumentos es fácil caer en los agravios”. Rubio, como parte del clan que hace décadas manipula como si fuera su propiedad la ex Universidad Católica, ha perdido pues los papeles. Y en su desesperación –porque es consciente de que El Vaticano ha adoptado una decisión inamovible, pétrea, respecto a la insolencia de aquel clan que intenta apoderarse de por vida de aquello que fue la Pontificia Universidad Católica del Perú– intenta llevar las cosas a nivel de corralón y desembocar su esquizofrenia en el poder Judicial del Perú. Por su parte, la Santa Sede –que tiene a su favor la plena potestad mundial sobre los títulos “Pontificia” y “Católica” y la limpieza de los tribunales internacionales– ya ha dado su última palabra. No es broma.

Publicado en el diario Expreso p. 2
Viernes, 27 de julio de 2012

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