La ex PUC y el testamento de Riva Agüero

Por Juan Vicente Ugarte del Pino

El testamento es una de las instituciones más antiguas de la humanidad, que llegó a nosotros con el derecho romano y canónico. Constituye una “declaración de voluntad” por la cual una persona ordena el destino de sus bienes luego de su fallecimiento. Es un acto unilateral a diferencia del contrato que es un negocio jurídico bilateral.

Las características del testamento son: A) Es un negocio mortis causa; B) Es un mandato u ordenación patrimonial; y C) Es un negocio de última voluntad irrevocable. Conforme con estas características, lo importante es “la expresión de voluntad” para ordenar el destino de los intereses materiales del causante, de manera que no sean desviados de la finalidad deseada. El testamento no es un contrato que pueda interpretarse. Tal cosa no es posible ya que el causante es el único autorizado para decir su voluntad. Fuera del texto del testamento no caben otros instrumentos para averiguar sus deseos. Por eso siempre se ha considerado como un acto “personalísimo” cuya formulación no puede dejarse ni en todo ni en parte al arbitrio de un tercero ni hacerse por mandatario.

En el caso de José de la Riva Agüero , él procedió a redactar sucesivamente varios testamentos, conforme los acontecimientos históricos de su época lo obligaban a efectuarlo. El primero otorgado ante el notario Agustín Rivero el 3 de diciembre de 1933, de conformidad con el Código Civil vigente entonces desde 1852.

El segundo fue otorgado ante el mismo notario así como un testamento ológrafo en pliego cerrado del 1 de septiembre de 1938. Este testamento definitivo en su cláusula quinta dispone: “Para el sostenimiento de la Universidad Católica de Lima, a la que instituyó como principal heredera, y para los demás encargos, legados y mandas, que en mis testamentos cerrados establezco, pongo como en condición insubstituible y nombro como Administradora perpetua de mis bienes, una Junta que será al propio tiempo la de mi Albaceazgo mancomunado, por indeterminado plazo, que se lo concedo y prorrogo de modo expreso. Formarán esta Junta el señor doctor D. Constantino J. Carballo y Alzamora, la señorita Da. Belén de Osma y Pardo y el señor D. Francisco Moreyra y Paz Soldán”.

Añade que, “si por cualquier caso o disposición legal no pudiera heredar la Universidad Católica , la misma Junta antedicha será la Fundación que me heredará, conforme lo dispuesto en los artículos sesenta y cuatro y siguientes del Código Civil (ya el de 1936), y atenderá a los fines que en este testamento y en el vigente anterior he señalado (…)”. Y luego a la letra dice: “Revoco cuanto en contrario dispongo en mi anterior testamento”. Y añade: “Cuando hubieren muerto o estuvieren impedidos todos los mencionados, entrarán el Rector de la Universidad Católica y el designado por el Arzobispo de Lima. Puede la Junta funcionar con solo dos miembros expeditos. Cuando no quede sino uno de los que NOMINATIVAMENTE DESIGNO este será el administrador y Albacea único”.

Pero no habiendo acomodado su Estatuto la Universidad Pontificia y Católica a las Normas expedidas por el Vaticano en 1979 por el Papa Juan Pablo II en “Sapientia Christiana” y más adelante con la Apostólica “Ex Corde Eclesiae” de 1990, ha quedado fuera del testamento.

Queda pues muy clara la declaración de voluntad de José de la Riva Agüero , contenida en los testamentos cerrado y ológrafos y codicilio cerrado otorgados por él y protocolizados en cumplimiento de lo ordenado, el 19 de enero de 1945, por el juez Gonzalo Ortiz de Zevallos del 2° Juzgado de Primera Instancia de Lima.

Publicado en el diario Expreso, página 08
Lunes 21 de mayo de 2007

Deje su comentario

Powered by WordPress