Riva Agüero: convidado de piedra

Por Arturo Salazar Larraín

La Universidad Católica ha interpuesto ante el 51o Juzgado Civil de Lima una acción de amparo para que la “Junta Administradora” de la herencia de Riva Agüero abandone su “pretensión” de administrar los bienes de esa herencia, y que, por tanto, deje de requerirle “informes contables, auditorias y autorización de disposición de bienes”(1). En pocas palabras, la PUCP pide una cautelar que obligue a esa “Junta Administradora” a no administrar ni fiscalizar el uso que la universidad hace de esos bienes.

Es necesario saber que don José de la Riva Agüero legó bienes a la PUCP para que ésta cumpla determinados fines. El primero, sine qua non, es que la universidad sea católica por sus cuatro costados. Pero, una universidad que se niega a construir una capilla dentro de su campus, ¿es católica? Y una universidad que disfraza su confesión fundacional señalándose a sí misma los fines esenciales –únicos e invariables– de constituirse en “un espacio plural de reflexión, pensamiento crítico e investigación permanente”(2), no es ciertamente una institución católica, desde que nuestra fe no admite creer en varios dioses a la vez y, entre ellos, en la diosa de la razón.

Y no es que los católicos se cierren a la razón. Todo lo contrario. Bregamos con éxito por la conciliación de la fe, la razón y las realidades temporales. Con mayor razón, éste debería ser también el cometido de una universidad católica. Es necesario que la razón tenga que “purificarse constantemente porque su ceguera ética” [ ] “es un peligro que nunca puede descartarse totalmente”, y que sólo se conjura a través de “la perspectiva de Dios” (3).

Ojalá la PUCP no siga teniendo el pudor, o la vergüenza, de proclamarse universidad católica. Hace más de tres siglos los universitarios de entonces decían que “la Academia puede ser conocida por aquello que debe ser”(4). Y debe ser, en nuestro caso, católica. Así nació la universidad, tratando de conciliar fe y razón en todas y cada una de las etapas de su desarrollo: escuela abacial, catecismos parroquiales y catecismos catedralicios, estudio general, universidad pontificia, universidad real y finalmente nacional. La PUCP no es nacional, tampoco real pero sí pontificia.

(1) “Comunicado a la opinión Pública. PUCP”, 25/03/07, No 5.
(2) Ibid. No 6.
(3) Cfr. Benedicto XVI “Deus caritas est”, Roma, 25/12/05.
(4) Diego de León Pinelo “Semblanza de la Universidad de San Marcos”, Lima, 1949: p.60.

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